Una religiosa que dedicó más de medio siglo de su vida al servicio y que todavía despierta devoción en Rosario podría dar un nuevo paso en su camino hacia los altares. Se trata de María de Lourdes del Santísimo Sacramento, cuyos restos permanecen actualmente en el cementerio El Salvador.

La Orden del Verbo Encarnado solicitó al Concejo Municipal una autorización especial para trasladarlos a la capilla del Colegio Verbo Encarnado, ubicada en La Paz 526, el lugar donde la religiosa desarrolló gran parte de su vida y donde también fue velada tras su muerte.

El pedido se produce mientras avanza una causa de beatificación y canonización iniciada formalmente en Rosario en 1998. De acuerdo con la congregación, ya finalizó el trabajo documental correspondiente a la etapa histórica diocesana y el próximo objetivo es solicitar el cierre de esa instancia para remitir la documentación a Roma.

Una vida marcada por el servicio

Detrás del nombre religioso de María de Lourdes estaba Mayorina Josefa Para Scaglia, nacida el 13 de junio de 1900 en Carlos Pellegrini, Santa Fe.

Durante sus primeros años colaboró con sus padres en tareas rurales y, luego del traslado familiar a Gálvez, trabajó como modista. En 1931 participó de la creación de la Asociación del Apostolado de la Oración y ese mismo camino de fe la llevó posteriormente a ingresar al Monasterio del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento.

En 1936 llegó a Rosario y al año siguiente realizó su profesión perpetua. Desde entonces, su vida quedó estrechamente ligada al Colegio Verbo Encarnado.

A lo largo de los años cumplió múltiples funciones dentro de la institución: fue despensera, cocinera, encargada del comedor, enfermera, portera y maestra de párvulos, además de estar a cargo de las alumnas pupilas durante el período en que funcionó el internado.

Según la documentación reunida durante la investigación eclesiástica, su figura estuvo asociada principalmente con la humildad y el servicio, lejos de cualquier tipo de protagonismo dentro de la comunidad religiosa.

Murió en Rosario el 6 de junio de 1988, luego de 54 años de vida religiosa.

De la devoción popular a una causa de beatificación

Después de su muerte comenzó a crecer entre quienes la conocieron una particular devoción. El velatorio se realizó precisamente en la capilla del colegio y, con el paso del tiempo, integrantes de la comunidad educativa comenzaron a referirse a ella como una persona santa y a encomendarse a su intercesión.

También aparecieron testimonios de personas que aseguraron haber recibido distintos favores luego de recurrir a su intercesión. Los relatos abarcan situaciones personales, familiares y laborales, además de casos vinculados con la salud.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental: estos testimonios no fueron reconocidos por la Iglesia como milagros. Dentro de la causa son considerados relatos de gracias o favores.

Para que alguno de esos hechos pueda ser considerado un milagro, debe atravesar una investigación específica y posteriormente ser reconocido por las autoridades de la Iglesia.

Casi 30 años de investigación

La causa de beatificación y canonización comenzó formalmente en 1998, diez años después de la muerte de la religiosa, y tuvo su apertura oficial en 1999.

Durante estas décadas se reunieron documentos, fotografías y testimonios de personas que tuvieron contacto con María de Lourdes. La investigación también incorporó declaraciones provenientes de diferentes puntos del país y del exterior.

Ahora, según informó la congregación, la etapa documental histórica de la fase diocesana está concluida. El siguiente paso será solicitar el cierre de esa instancia para que el expediente pueda continuar su recorrido ante el organismo de la Iglesia encargado de estudiar las causas de los santos.

Esto no significa que la religiosa haya sido beatificada ni canonizada. Todavía quedan distintas etapas por atravesar y eventuales reconocimientos dependerán de las evaluaciones que se realicen en Roma.

Quieren que sus restos descansen en el lugar donde vivió

La Orden del Verbo Encarnado ya obtuvo la autorización del arzobispo de Rosario, Eduardo Martín, para que los restos de María de Lourdes sean sepultados dentro de la capilla del colegio.

Ahora resta obtener la correspondiente excepción municipal para concretar el traslado desde el cementerio El Salvador.

La intención de la congregación es realizarlo en marzo de 2027, en coincidencia con la fiesta titular de la Orden, que se celebra el 25 de marzo por la Anunciación.

Antes deberán realizarse algunas obras dentro de la capilla, previstas para los meses de diciembre y enero, cuando disminuye la actividad escolar.

De concretarse, el traslado tendrá un fuerte significado simbólico: los restos de María de Lourdes regresarían al lugar donde transcurrió buena parte de su vida religiosa y donde fue despedida por la comunidad en 1988.

Mientras tanto, su causa continúa avanzando. Y si en los próximos años supera todas las instancias previstas por la Iglesia, Rosario podría quedar vinculada a una figura inédita: la primera santa católica estrechamente ligada a la ciudad.