El nombre de Gilda quedó ligado para siempre al 7 de septiembre de 1996. Aquella fecha, que debía ser una más en la agenda de presentaciones de la cantante, terminó marcando uno de los episodios más recordados de la música popular argentina.

Miriam Alejandra Bianchi, conocida artísticamente como Gilda, había nacido el 11 de octubre de 1961. A comienzos de los años 90 decidió apostar por la música y poco a poco consiguió hacerse un lugar dentro del ambiente tropical. Su carrera crecía y sus canciones comenzaban a instalarse entre el público.

El destino se interpuso cuando viajaba hacia Chajarí, en Entre Ríos, para realizar una presentación. El colectivo en el que se trasladaba junto a parte de su equipo circulaba por la Ruta Nacional 12 y, a la altura del kilómetro 129, protagonizó un choque con un camión que transportaba hierro.

De acuerdo con la reconstrucción del hecho, el vehículo de carga, conducido por el brasileño Renato Sant’Ana, intentó adelantar a otro camión. El chofer del colectivo realizó una maniobra para evitar la colisión, pero el micro tomó el desnivel existente entre la ruta y la banquina, perdió estabilidad y terminó impactando contra el camión.

El colectivo quedó atravesado sobre la calzada y el accidente involucró posteriormente a otros vehículos. El saldo fue devastador: además de Gilda, murieron su hija mayor, Mariel; su madre, Isabel Scioli; tres de sus músicos y el conductor del colectivo.

Una tragedia que tuvo consecuencias judiciales

El accidente derivó en una causa contra Sant’Ana. La Justicia de Gualeguaychú lo condenó a dos años y ocho meses de prisión, junto con una inhabilitación para conducir durante siete años.

La defensa apeló la decisión, pero en marzo de 2000 el Tribunal de Casación de Entre Ríos confirmó la sentencia. El camionero también había sufrido lesiones como consecuencia del choque y quedó con secuelas físicas permanentes.

El lugar del accidente se transformó en un sitio de peregrinación

Después de su muerte comenzó otra etapa de la historia de Gilda. Sus seguidores empezaron a atribuirle hechos milagrosos y su figura adquirió una dimensión religiosa para buena parte de quienes continuaron escuchando su música.

En el lugar del accidente se levantó un santuario dedicado a la cantante, donde se conservan restos del colectivo en el que viajaba aquella tarde. Con los años, el sitio se convirtió en un punto de encuentro para sus admiradores, que llegan para homenajearla y dejar pedidos y ofrendas.

Santuario-de-Gilda-

Aunque sus restos descansan en el Cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires, muchos de sus seguidores mantienen una conexión especial con aquel lugar de Entre Ríos donde ocurrió la tragedia.

La historia de Gilda llegó al cine

La vigencia de su figura también quedó demostrada dos décadas después de su muerte, cuando su vida fue llevada a la pantalla grande.

“Gilda, no me arrepiento de este amor”, dirigida por Lorena Muñoz y protagonizada por Natalia Oreiro, se estrenó en 2016. La película recorrió la historia personal y artística de Miriam Bianchi, desde su infancia y su relación con su padre hasta el momento en que decidió dejar atrás una vida convencional para dedicarse a la música.

La producción también recuperó aspectos menos conocidos de la cantante y mostró las dificultades que atravesó para consolidar su carrera en un ambiente en el que debió defender sus decisiones y su identidad artística.

A 30 años de aquel accidente, Gilda sigue siendo mucho más que el recuerdo de una cantante que murió demasiado joven. Sus canciones continúan formando parte de la cultura popular argentina y su historia mantiene una vigencia que explica por qué, tres décadas después, miles de personas todavía la recuerdan, la escuchan y la consideran un verdadero mito.