Lo curioso no era el país. Era el nombre.

Lo que pocos sabían entonces, y menos recuerdan ahora, es la historia de ese nombre. En 1821, un grupo de filántropos norteamericanos tuvo una idea que les pareció magnífica: liberar a algunos esclavos y devolverlos a África. Los embarcaron y los dejaron en la costa occidental del continente. Eran descendientes de hombres y mujeres cazados, encadenados, vendidos en mercados y enviados a trabajar en plantaciones. Volvían, si es que se puede llamar volver, a una tierra que no conocían.

Veintiséis años después, menos de diez mil de esos antiguos esclavos fundaron un país. Lo llamaron Liberia.

Empezaban de cero, entre personas del mismo color de piel, con la memoria de los grilletes todavía fresca. Todo hacía pensar que iban a construir algo distinto.

No ocurrió.

Los fundadores empezaron a llamarse a sí mismos americo-liberians. Y en lugar de desmontar el sistema que los había triturado, organizaron el nuevo Estado copiando el viejo orden que decían haber dejado atrás. Los antiguos esclavos pasaron a gobernar sobre las poblaciones que ya vivían ahi. Cambiaron los nombres. Las jerarquías quedaron donde estaban. El látigo siguió circulando, apenas con otra mano del mismo color de piel. No querían destruir un sistema injusto. Querían heredarlo

Weah ganó el Balón de Oro en 1995.

En 2018 ganó las elecciones presidenciales de Liberia.

La historia, que es experta en ironías , todavía guardaba una última. El hijo del ex presidente liberiano y mayor orgullo futbolístico del país, , volvió a la tierra de donde sus ancestros habían sido expulsados encadenados, para correr bajo los focos del imperio. Timothy Weah, nacido en Nueva York, vistió la camiseta de los Estados Unidos en el Mundial 2026.

Hay esclavos que sueñan con romper los grilletes. Hay esclavos que sueñan con ponérselos a otro. A veces la historia también encuentra la manera de cerrar el círculo. Y también  hay hijos que eligen seguir jugando  para el antiguo amo.

Es raro pensar en eso y acordarse del nombre: Liberia.

A veces la libertad alcanza para bautizar un país.

No siempre alcanza para fundarlo.

¿Quién es Marcelo Sicoff?

Marcelo I. Sicoff (Junín, 1970) es psicólogo, técnico en Comunicación Social y autor de los libros Crónicas de Baigorria y Acompañamiento en la vida cotidiana. Su obra ha sido distinguida por la Fundación El Libro, la Asociación Psicoanalítica Argentina y la UNPAZ, y fue finalista de los premios internacionales Fundación UNIR (Zaragoza) y Javier Tomeo (España). Edita el blog Crónicas de Baigorria.

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