Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una jornada destinada a generar conciencia sobre la importancia de cuidar la salud cardiovascular y reducir los factores que pueden favorecer la aparición de distintas enfermedades.

La iniciativa surgió en el año 2000 con el impulso de organismos internacionales de salud y el acompañamiento de la Federación Mundial del Corazón. Desde entonces, la fecha busca promover acciones de prevención, información y acceso a tratamientos, tanto a nivel individual como mediante políticas de salud pública.

El objetivo es poner en discusión una problemática que continúa teniendo un fuerte impacto a nivel global y que incluye patologías como la cardiopatía isquémica, los accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades del sistema circulatorio.

Las enfermedades cardiovasculares, entre las principales causas de muerte

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 17,9 millones de personas mueren cada año a causa de enfermedades cardiovasculares.

Dentro de este grupo, la cardiopatía isquémica representa una de las principales causas de muerte. Los datos citados por la OMS muestran un crecimiento significativo de las defunciones vinculadas a esta enfermedad: pasaron de alrededor de 2 millones en el año 2000 a 8,9 millones en 2019.

Los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares también forman parte de las principales afecciones cardiovasculares y pueden presentarse incluso antes de edades avanzadas. Por eso, la prevención y la identificación temprana de los factores de riesgo ocupan un lugar central.

Cuáles son los principales factores de riesgo

Existen distintos elementos que pueden aumentar las probabilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular. Algunos están vinculados con antecedentes familiares, mientras que otros pueden modificarse mediante controles y cambios en el estilo de vida.

Entre los principales factores señalados se encuentran la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la obesidad, el sedentarismo, una alimentación poco saludable y el estrés.

La presencia de uno o varios de estos factores no significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar una enfermedad cardíaca, pero sí refuerza la importancia de realizar controles médicos y mantener un seguimiento adecuado.

La prevención también se construye con hábitos cotidianos

Antes de comenzar una rutina de actividad física o implementar cambios importantes en la alimentación, se recomienda conocer el estado general de salud y consultar con profesionales médicos. La evaluación puede incluir antecedentes familiares, controles clínicos y estudios específicos de acuerdo con cada caso.

Entre las medidas generales que pueden contribuir al cuidado cardiovascular se encuentran realizar actividad física de manera regular, caminar, mantener bajo control la presión arterial, la glucemia y el colesterol, y sostener una alimentación variada que incluya frutas, verduras y alimentos ricos en fibra.

También se aconseja moderar el consumo de sal, grasas saturadas y azúcares, además de evitar el tabaquismo y prestar atención al consumo de alcohol.

El descanso adecuado y el manejo del estrés forman parte de un enfoque integral de prevención. Actividades como la relajación, el ejercicio físico o distintas estrategias orientadas al bienestar y la salud mental pueden incorporarse como complemento de otros hábitos saludables.

Controles que pueden marcar una diferencia

La prevención cardiovascular no depende de una única acción, sino de la combinación de controles médicos, hábitos saludables y seguimiento de los factores de riesgo.

En ese marco, el Día Mundial del Corazón busca recordar que cuidar la salud cardíaca implica prestar atención al organismo antes de que aparezcan complicaciones y sostener en el tiempo aquellas medidas que permitan disminuir los riesgos.