Cada 15 de octubre se conmemora el Día Mundial del Bastón Blanco, una fecha destinada a visibilizar los derechos de las personas con discapacidad visual y promover una sociedad más accesible e inclusiva. La iniciativa busca destacar la importancia de esta herramienta para que las personas ciegas puedan movilizarse con mayor independencia y seguridad.
La fecha fue establecida en 1980, en París, por representantes de organizaciones que integraban la Unión Mundial de Ciegos. Desde entonces, la jornada también se convirtió en una oportunidad para reflexionar sobre los obstáculos que persisten en las calles y los espacios públicos.
¿Para qué sirve el bastón blanco?
El bastón blanco permite detectar obstáculos, reconocer desniveles y facilitar la orientación durante los desplazamientos. Además, funciona como un elemento de identificación para que las demás personas puedan reconocer que quien lo utiliza tiene una discapacidad visual.
En Argentina, existen distintos tipos de bastones según las necesidades de cada persona. El blanco es utilizado por personas ciegas; el verde, por personas con baja visión; y el rojo y blanco, por personas con sordoceguera. La Ley Nacional 25.682, en particular, reconoce el uso del bastón verde como instrumento de orientación y movilidad para personas con baja visión.
Cómo ayudar a una persona con discapacidad visual
La inclusión también depende de las acciones cotidianas. Por eso, es importante tener en cuenta algunas recomendaciones al momento de acompañar a una persona con discapacidad visual:
- Preguntar antes de ayudar: consultar si necesita asistencia y respetar su respuesta.
- No tomarla del brazo ni del bastón sin permiso: lo adecuado es ofrecer el brazo para que pueda sujetarse si así lo prefiere.
- Mantener las veredas despejadas: evitar dejar bicicletas, carteles u otros objetos que dificulten la circulación.
- Respetar su autonomía: permitir que decida cómo quiere desplazarse y qué tipo de ayuda necesita.
El Día Mundial del Bastón Blanco invita a mirar más allá de la herramienta y reconocer la importancia de construir entornos accesibles. Veredas seguras, señalización adecuada y espacios públicos libres de obstáculos son fundamentales para garantizar que todas las personas puedan circular de manera autónoma y participar plenamente de la vida social.