Cada 1 de febrero, la Argentina celebra el Día del Trabajador Vitivinícola, una fecha para reconocer el esfuerzo de todos aquellos que participan en la producción y distribución del vino, una de las bebidas más emblemáticas del país. Este día no solo honra a los trabajadores del sector, sino que también destaca la importancia del vino argentino en la cultura y economía nacional. Desde el viñedo hasta la mesa, una serie de profesionales, técnicos y operarios hacen posible que el vino argentino llegue a los consumidores, tanto en el país como en todo el mundo.

La historia de esta fecha comenzó el 27 de junio de 1975, cuando la Convención Colectiva de Trabajo se celebró en Buenos Aires. Sin embargo, fue en 1991 cuando se firmó un acuerdo clave en San Rafael, Mendoza, que declaró el 1 de febrero como feriado para todo el personal vitivinícola. Esta medida fue respaldada por el artículo 26 del apartado 154/91, el cual garantizó derechos laborales fundamentales, como el salario mínimo y la obligación de pagar el feriado, reconociendo así la labor esencial de los trabajadores del vino.

El sector vitivinícola argentino no solo involucra a los trabajadores de las bodegas, sino también a los de los viñedos, aquellos que siembran, cultivan y cuidan las uvas, así como los encargados de la elaboración y distribución de los productos. Además de ser un sector productivo clave para la economía del país, la vitivinicultura forma parte del patrimonio cultural argentino, simbolizando la dedicación y el trabajo en equipo que se necesita para lograr vinos de calidad mundial.

En términos de producción, Argentina se posiciona como el sexto productor mundial de vino, con una producción anual de 11,8 millones de hectólitros. La vitivinicultura es una actividad que genera más de 106 mil empleos directos y alrededor de 280 mil indirectos, y el país cuenta con más de 900 bodegas activas. El vino argentino se ganó un reconocimiento global, especialmente en mercados como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Brasil, y la exportación de vino alcanza a 127 países. Estos logros son el resultado del esfuerzo constante de los trabajadores del sector y de la excelente calidad de las uvas que se cultivan en el territorio nacional.

Uno de los aspectos más interesantes del consumo de vino en Argentina es que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Vitivinicultura, el consumo per cápita alcanzó los 21 litros por persona en 2020. De hecho, el vino argentino es tan popular que 8 de cada 10 argentinos consumen vino en sus hogares. La tradición vinícola está tan arraigada en la cultura nacional que, en 2013, el vino fue declarado oficialmente la Bebida Nacional mediante la ley N° 26.870.

Además de ser una bebida que simboliza el trabajo y la dedicación, el vino argentino tiene beneficios sorprendentes para la salud. Diversos estudios demostraron que el consumo moderado de vino, en particular el tinto, puede retardar el envejecimiento celular gracias al resveratrol, un compuesto presente en la piel de las uvas moradas. Incluso la Organización Mundial de la Salud reconoció que los polifenoles en el vino pueden contribuir a la reducción del colesterol.

El Día del Trabajador Vitivinícola es una excelente oportunidad para celebrar tanto a los trabajadores como a la bebida que los une. A través de su historia y sus curiosidades, el vino argentino sigue siendo un símbolo de esfuerzo, cultura y excelencia, que no solo se disfruta en todo el mundo, sino que también continúa siendo una parte fundamental de la vida cotidiana de los argentinos. Con 230 mil hectáreas dedicadas a la vitivinicultura, Argentina sigue demostrando que el vino es mucho más que una bebida: es una tradición.