Este domingo 25 de octubre se cumplen 88 años de la muerte de Alfonsina Storni, una de las grandes referentes de la poesía argentina. Su obra trascendió generaciones por abordar el amor, la identidad, la libertad y las desigualdades que enfrentaban las mujeres a comienzos del siglo XX.

Nacida el 29 de mayo de 1892 en Capriasca, Suiza, llegó a la Argentina junto a su familia cuando tenía cuatro años. Después de vivir en San Juan, los Storni se trasladaron a Rosario, ciudad donde Alfonsina pasó parte de su infancia y atravesó dificultades económicas que marcaron sus primeros años.

A pesar de los obstáculos, nunca abandonó su vocación por la escritura y la educación. Se recibió de maestra y, en 1916, publicó su primer libro de poemas, La inquietud del rosal. A partir de entonces, desarrolló una trayectoria que incluyó la poesía, el periodismo, la docencia y la dramaturgia.

Una voz que desafió las convenciones de su época

Storni se destacó por una escritura que cuestionaba los mandatos sociales impuestos a las mujeres. En poemas como Tú me quieres blanca y La loba, puso en discusión las exigencias de pureza, obediencia y comportamiento que recaían sobre ellas.

Su producción literaria evolucionó con los años y exploró distintas formas de expresión. Entre sus libros más reconocidos se encuentran El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920) y Ocre (1925).

Además de su trabajo poético, colaboró con revistas y diarios, entre ellos La Nación, donde publicó textos que reflejaban su mirada crítica sobre la sociedad de su tiempo.

Su legado y el último poema

Alfonsina Storni murió el 25 de octubre de 1938 en Mar del Plata, mientras atravesaba una enfermedad oncológica. Tenía 46 años.

Poco antes había escrito Voy a dormir, un poema que fue publicado en el diario La Nación y que quedó asociado a sus últimos días. Años después, esos versos inspiraron, junto con la música de Ariel Ramírez y la letra de Félix Luna, la canción Alfonsina y el mar, que contribuyó a mantener viva su figura en la memoria popular.

A 88 años de su muerte, sus escritos continúan formando parte de la literatura argentina y latinoamericana. Su historia también permanece ligada a Rosario, una ciudad que fue parte de sus primeros años y del recorrido de una mujer que convirtió la escritura en una forma de expresión y cuestionamiento social.