La historia del cereal argentino está estrechamente ligada a la región. El 12 de abril de 1878, desde la localidad de Casilda, partió un cargamento de unas 4.500 toneladas de trigo con destino a Europa. La operación estuvo encabezada por Carlos Casado del Alisal, quien trasladó el cereal a través del Atlántico a bordo de seis buques a vela hasta llegar a Escocia.

El viaje no estuvo exento de dificultades. Una vez arribado el cargamento, surgieron inconvenientes con el pago acordado y Casado debió negociar con firmeza para concretar la operación. Aquel envío marcó un punto de inflexión para la producción agrícola argentina y contribuyó a consolidar la imagen del país como uno de los grandes proveedores de granos del mercado internacional.

Una fecha que nació de un encuentro del sector

El origen formal del Día del Cerealista se encuentra varias décadas después. El 13 de agosto de 1926, más de 300 representantes de distintas instituciones vinculadas con la actividad participaron de una cena en el entonces Prince George’s Hall.

Entre los asistentes estuvieron representantes de la Sociedad Rural Argentina, las Bolsas de Cereales y Bolsas de Comercio de Buenos Aires, Rosario y Santa Fe, el Centro de Exportadores, el Mercado de Cereales, la Cámara Arbitral de Cereales de Rosario, entidades vinculadas al transporte ferroviario y el Centro de Navegación Transatlántica, entre otros actores.

La celebración volvió a realizarse el 14 de agosto de 1927, esta vez en la Rottisserie Cifré. Ese encuentro quedó establecido como el primer antecedente de la celebración del Día del Cerealista.

Del primer trigo exportado al actual complejo agroexportador

Casi 150 años después de aquel primer envío de trigo, la cadena cerealista continúa siendo uno de los motores de la economía argentina. Productores, acopiadores, cooperativas, corredores, industrias, transportistas, trabajadores portuarios y empresas exportadoras forman parte de una extensa cadena que conecta los campos con los mercados internacionales.

En ese entramado, la región ocupa un lugar estratégico. El río Paraná funciona como una de las principales vías de salida de la producción agroindustrial argentina y concentra un importante conjunto de terminales portuarias especializadas en granos, subproductos y derivados.

El Cordón Industrial, con terminales ubicadas en localidades como San Lorenzo, Puerto General San Martín y Timbúes, es uno de los principales puntos de concentración de esa actividad. Desde allí se embarcan grandes volúmenes de la producción de distintas zonas agrícolas del país hacia destinos internacionales.

La cosecha gruesa y el movimiento portuario

La importancia de los puertos regionales se vuelve especialmente visible durante la cosecha gruesa, cuando la llegada de soja, maíz y otros granos incrementa el movimiento de camiones, trenes, plantas de procesamiento y terminales portuarias.

La dinámica no se limita al ingreso de los granos. Detrás de cada embarque existe una cadena logística que involucra rutas y ferrocarriles, acopios, plantas de crushing, industrias de aceites y harinas, controles de calidad, servicios portuarios y trabajadores que permiten que la producción llegue finalmente a los buques.

Por eso, el Día del Cerealista no solo representa una mirada hacia los orígenes de la actividad. También permite dimensionar el rol que tiene actualmente el complejo agroexportador en la economía nacional y, particularmente, el peso que tienen los puertos del sur santafesino en esa cadena.

Desde aquel cargamento de trigo que salió de Casilda en 1878 hasta los grandes buques que actualmente navegan el Paraná cargados con productos agroindustriales, la historia cerealista argentina mantiene un fuerte vínculo con Santa Fe y con la actividad portuaria de la región.