El cielo rosarino dejó una imagen poco habitual este martes 20 de octubre. Entre las nubes aparecieron tonalidades verdes, amarillas, rosadas y violetas que captaron la atención de quienes miraron hacia arriba y despertaron curiosidad por su origen.
Aunque a simple vista puede confundirse con un arcoíris, se trata de un fenómeno atmosférico diferente. Su nombre popular es “arcoíris de fuego”, mientras que su denominación científica es arco circunhorizontal. No necesita que haya llovido para aparecer y tampoco se forma a partir de las gotas de agua que quedan suspendidas en el aire.
El papel del Sol y las nubes altas
Para que se produzca este efecto deben coincidir determinadas condiciones. En las nubes altas, conocidas como cirros, hay pequeños cristales de hielo que pueden actuar como prismas naturales. Cuando los rayos solares atraviesan esos cristales con la orientación adecuada, la luz se refracta y se separa en diferentes colores.
La altura del Sol es otro factor fundamental: debe encontrarse a más de 58 grados sobre el horizonte. Por eso, el fenómeno suele aparecer cerca del mediodía, cuando la posición solar permite que la luz atraviese los cristales de la manera necesaria.
La combinación de estos factores hace que el efecto no pueda observarse todos los días ni desde cualquier lugar. Cuando se reúnen las condiciones, puede aparecer una franja de colores intensos que contrasta con el cielo y las nubes.
Por qué no es igual a un arcoíris tradicional
La diferencia principal está en cómo se producen los colores. El arcoíris que suele verse después de la lluvia se forma cuando la luz solar atraviesa gotas de agua, cambia de dirección y se refleja dentro de ellas. En el arco circunhorizontal, en cambio, intervienen cristales de hielo de las nubes altas.
También existen las llamadas nubes iridiscentes, que pueden mostrar destellos verdes, rosados o violetas. Aunque visualmente se parecen, sus colores se originan principalmente por la difracción y la interferencia de la luz al interactuar con pequeñas gotas o partículas, y no por el mismo mecanismo que genera el arco circunhorizontal.
¿Es una señal de lluvia o de tormenta?
La aparición del arcoíris de fuego es un fenómeno óptico natural y, por sí misma, no representa un peligro. Tampoco permite afirmar que vaya a llover o que se aproxime una tormenta: para conocer las condiciones meteorológicas es necesario consultar los pronósticos.
La postal que se observó en Rosario volvió a mostrar cómo la luz solar puede generar efectos llamativos cuando coincide con determinadas características de la atmósfera. Aunque suele durar poco, alcanza para convertir un momento cotidiano en una imagen que despierta asombro y preguntas.