La violencia en Rosario volvió a cobrar una vida en la noche del sábado, cuando Andrés “Pillín” Bracamonte, el histórico líder de la barra brava de Rosario Central, fue asesinado a tiros en un ataque que se produjo a minutos del final del partido entre el Canalla y San Lorenzo. Junto a él, también perdió la vida su principal aliado dentro de la barra, Daniel “Rana” Atardo. El ataque ocurrió en las inmediaciones del Gigante de Arroyito, a escasos metros del estadio.
Según las primeras investigaciones, los sicarios que ejecutaron la balacera llegaron caminando al cruce de las calles Avellaneda e Ibarlucea, donde sorprendieron a Bracamonte y Atardo. Ambos fueron alcanzados por varios disparos y, pese a que fueron rápidamente trasladados al Hospital Centenario de Rosario, pero los médicos no pudieron reanimarlos, ya que llegaron sin signos vitales. Los forenses confirmaron que cada uno de ellos recibió al menos cinco balazos.
La principal hipótesis que maneja la Fiscalía, dirigida por el fiscal Alejandro Ferlazzo, es que el ataque podría estar relacionado con una disputa por el control de la barra brava de Rosario Central. Sin embargo, las autoridades no descartan que el crimen tenga vínculos con bandas narcotraficantes que operan en la región. Este tipo de ajuste de cuentas no es inusual en Rosario, donde el narcotráfico y las barras bravas se entrelazan en un círculo de violencia que se retroalimenta. Por ahora, los responsables del atentado no fueron identificados.
Este asesinato no es el primero que involucra a Pillín Bracamonte. De hecho, el líder de la hinchada de Rosario Central fue blanco de varios atentados a lo largo de su vida. En agosto pasado, fue baleado en el Parque Alem de Rosario, aunque en esa oportunidad logró sobrevivir gracias a la rápida atención médica. Según su abogado, Bracamonte había sido víctima de hasta 29 intentos de asesinato.
Bracamonte asumió el control de la barra brava de Rosario Central a fines de los años 90, cuando la hinchada estaba dividida entre facciones rivales. Con el paso del tiempo, su grupo, conocido como “Los Guerreros”, se impuso sobre otras agrupaciones, consolidándose como el brazo más fuerte dentro del club. Sin embargo, su liderazgo no estuvo exento de controversias. Durante más de dos décadas, Pillín estuvo vinculado a diversos delitos, desde la reventa de entradas hasta acusaciones de extorsión y lavado de dinero, lo que le valió varios procesos judiciales. Incluso fue deportado de Sudáfrica durante el Mundial de 2010 debido a su historial delictivo y fue inhabilitado para ingresar al estadio por el programa Tribuna Segura.
A pesar de sus problemas legales y las múltiples amenazas de muerte, Bracamonte siempre mantuvo su influencia dentro de la barra y fuera de ella, mostrando poder.
El ataque también involucró a Daniel “Rana” Atardo, un histórico integrante de la barra y estrecho colaborador de Bracamonte. Atardo, que estaba con prisión domiciliaria en su casa de un country cercano al estadio, compartía con su jefe muchas de las actividades relacionadas con la barra.
Las fuerzas de seguridad de Rosario desplegaron un fuerte operativo en la ciudad tras el crimen. La policía reforzó la custodia en las inmediaciones del hospital Centenario, donde aún se encontraban los cuerpos de los fallecidos. En el plano político, varios dirigentes manifestaron su preocupación por una posible escalada de violencia, con el temor de que este asesinato sea solo el inicio de una nueva ola de enfrentamientos.
De hecho, el diputado provincial Carlos del Frade, quien siguíó de cerca la problemática de la violencia en Rosario, advirtió que este asesinato podría desatar una “revancha” entre las facciones rivales dentro de la barra brava.