Después de meses de preparación, el Ballet Costas del Carcarañá de Oliveros llegó a Cosquín para vivir uno de esos momentos que quedan para siempre en la memoria. La delegación santafesina viajó este jueves y ayer, viernes 25 de septiembre, concretó su presentación en la Peña Gran Festivalazo, dentro del encuentro que se desarrolla del 25 al 28 de septiembre en la ciudad cordobesa.

El camino hasta ese escenario estuvo marcado por ensayos, esfuerzo, sacrificio y mucha emoción, pero también por un fuerte vínculo entre quienes forman parte del ballet. Para su profesor, Diego Castillo, uno de los aspectos más importantes de todo este proceso fue justamente el compañerismo que se construyó puertas adentro del grupo.

“Lo más lindo fue el compañerismo, el bailar después de los ensayos, tomar mate, charlar, poder conocernos y sentir que somos una familia”, contó Castillo al recordar estos meses de preparación.

La llegada a Cosquín tuvo un significado especial para los integrantes del ballet, especialmente por tratarse de un escenario vinculado históricamente con el folclore argentino. La emoción fue una de las sensaciones que más se repitió entre los bailarines antes de la presentación.

Para ellos, estar allí representó mucho más que una actuación. Fue la posibilidad de concretar un objetivo que habían imaginado durante mucho tiempo y de compartir su pasión por la danza y la cultura popular.

El viaje también estuvo acompañado de cerca por familias, amigos y vecinos de Oliveros, que fueron parte del recorrido y ayudaron a hacer posible esta experiencia. Esa compañía estuvo presente también a la hora de pensar en quiénes dedicarían la presentación.

Las respuestas fueron claras: a sus seres queridos, especialmente a sus familias y amigos. “A las personas que más amo en el mundo”, expresó una de las integrantes, mientras que otra señaló especialmente a su familia por todo el apoyo recibido.

Con la presentación ya realizada, el Ballet Costas del Carcarañá dejó en Cosquín una parte de la historia que construyó durante meses de trabajo y llevó consigo el nombre de Oliveros y de Santa Fe a un encuentro dedicado a la danza, el canto y las tradiciones.

Lo que alguna vez comenzó como un sueño, finalmente se transformó en una experiencia compartida por todo un grupo y por una comunidad que acompañó cada paso.