Hablar del circo argentino es hablar de una tradición que supo unir humor, acrobacia, teatro y encuentro con el público. Cada 6 de octubre, el país celebra el Día Nacional del Circo en homenaje a José “Pepe” Podestá, una figura fundamental para la historia del género y del teatro nacional.

Podestá fue uno de los grandes referentes del circo criollo y creó además a Pepino el 88, un personaje que llevó el humor y la mirada sobre la realidad de su época a los escenarios. Aquella forma de hacer circo, que combinaba distintas disciplinas circenses con propuestas teatrales, se convirtió en una expresión popular que recorrió buena parte del país.

Con el paso del tiempo, cambiaron las estructuras y las formas de presentar los espectáculos, pero la esencia del circo siguió encontrando nuevos protagonistas.

Galupa, una historia que tiene identidad regional

En nuestra región, esa continuidad tiene un nombre propio: Galupa. El payaso de Oliveros se convirtió en una presencia habitual en fiestas, celebraciones y propuestas para las infancias en distintas localidades, llevando juegos, humor y espectáculos a públicos de todas las edades.

Su recorrido quedó ligado a distintos puntos de la región, con participaciones en actividades de Oliveros, Serodino, Maciel, Carrizales y Puerto General San Martín, entre otras localidades.

Pero su trabajo también está ligado a La Chiringuita, una propuesta circense que mantiene la esencia itinerante del género y que fue protagonista de distintas experiencias en la región. La carpa llegó a diferentes espacios y también fue parte de iniciativas que fueron mucho más allá del espectáculo.

Uno de esos momentos fue cuando Galupa y La Chiringuita llevaron su carpa hasta una comunidad Mocoví, donde además del encuentro artístico se impulsó una acción solidaria para reunir leche en polvo. La propuesta mostró otra cara del circo: la posibilidad de acercar alegría, acompañamiento y solidaridad a lugares donde también hace falta.

La historia de Galupa también quedó marcada por los vínculos construidos con el público. Entre ellos está el que mantiene con Lautaro, un niño de Salto Grande, a quien conoció durante una función y volvió a sorprender años después durante una internación, regalándole un momento de alegría en medio de una situación difícil.

Y el recorrido no terminó en las fronteras de la región. Galupa también llevó su propuesta más allá del país, con una experiencia en Brasil que amplió los caminos de un artista que hizo del circo una forma de encontrarse con la gente.

Así, el Día Nacional del Circo no sólo permite mirar hacia la historia de aquellos artistas que marcaron el nacimiento del circo criollo. También invita a reconocer a quienes, desde cerca, mantienen viva esa tradición.

En cada función, en cada carpa y en cada encuentro con las familias, Galupa y La Chiringuita siguen haciendo que el circo continúe viajando por la región. Y en ese movimiento permanece una de las características más fuertes de este arte: salir al encuentro del público y convertir cada lugar en un nuevo escenario.