Los recreos se convirtieron en el punto de partida de un proyecto educativo en la Escuela Primaria N° 239 General José de San Martín de Oliveros. A partir de la necesidad de encontrar nuevas propuestas de entretenimiento, los alumnos desarrollaron “Desafíos sin contacto”, una iniciativa que los llevó a aprender sobre circuitos eléctricos y construir probadores de pulso con sus propias manos.

El profesor Nahuel Bernachea explicó que el trabajo se organizó en dos etapas. Primero, los estudiantes realizaron producciones individuales para comprender el funcionamiento de los circuitos eléctricos. Después, trasladaron esos conocimientos a un trabajo final que quedará en la escuela.

La propuesta tuvo a la educación tecnológica como área central y se articuló con matemática, lengua y ciencias. De esta manera, los chicos pudieron aplicar los contenidos de distintas materias a una experiencia concreta, desde la búsqueda de materiales hasta el armado y la puesta a prueba de los dispositivos.

De una necesidad a una experiencia de aprendizaje

La idea surgió a partir de una situación que los propios estudiantes identificaron en los recreos. Sol Giacone contó cómo nació la propuesta de construir probadores de pulso para ofrecer una alternativa durante esos momentos de descanso.

“Este proyecto lo hicimos más bien para no aburrirnos en los recreos”, explicó Milena López Pagani, quien también destacó la posibilidad de soldar y construir los dispositivos con sus propias manos.

“Este proyecto lo hicimos más bien para no aburrirnos en los recreos”

El proceso implicó buscar los materiales necesarios, conectar los componentes y ensamblar cada parte hasta completar los probadores. Lorenzo Mena describió ese recorrido como un trabajo paso a paso, en el que tuvieron que reunir los materiales e ir armando el proyecto hasta llegar al resultado final.

Durante la construcción también aparecieron dificultades técnicas. Bruno Echavarría contó que uno de los inconvenientes estuvo relacionado con la conexión de las pilas: en algunos casos, el contacto no era suficiente y la luz no funcionaba correctamente.

Por su parte, Thiago Rodríguez señaló que hubo aspectos del armado que se complicaron, pero que pudieron resolverlos con la ayuda del profesor y de sus compañeros.

Así, los errores y las pruebas se convirtieron en parte del aprendizaje. Los alumnos no solo debieron comprender cómo funcionaban los circuitos, sino también detectar fallas y buscar soluciones para conseguir que los dispositivos funcionaran.

El compañerismo, otro de los aprendizajes

Más allá de los conocimientos técnicos, los estudiantes coincidieron en destacar el valor del trabajo compartido.

Benjamín Rodríguez señaló que lo que más le gustó fue el compañerismo y la ayuda entre los integrantes del grupo. También valoró la posibilidad de jugar con los dispositivos, disfrutar de las clases y conversar con sus compañeros mientras avanzaban con el proyecto.

Greta Veronese, en tanto, destacó lo que aprendió durante la experiencia, especialmente el uso de herramientas y la posibilidad de realizar distintas tareas prácticas.

En la misma línea, Milén Santiago contó que incorporó conocimientos sobre las conexiones eléctricas: destacó que aprendieron cómo se conectan los cables y cómo funcionan las pilas.

Los testimonios reflejan que la propuesta no se limitó a la fabricación de un juego. También permitió que los estudiantes desarrollaran autonomía, intercambiaran conocimientos y se acompañaran para superar los obstáculos que aparecieron durante el trabajo.

Una propuesta que involucró a toda la escuela

La directora Silvia Benvenutti destacó la importancia de la participación de la comunidad educativa en el desarrollo de la iniciativa.

La docente señaló que la escuela reúne a chicos con distintas realidades sociales y consideró que el trabajo comunitario permite compartir ideas y encontrar soluciones a problemas comunes. Para acompañar el proyecto, se realizaron reuniones plenarias y otros espacios de intercambio en los que los distintos integrantes de la institución pudieron conocer la propuesta y participar.

Al hacer un balance, Bernachea valoró especialmente la autonomía que demostraron los alumnos durante la construcción y la colaboración que se generó entre ellos para resolver los inconvenientes.

El objetivo es que los probadores de pulso queden en la institución y puedan incorporarse a las alternativas de entretenimiento durante los recreos.

De esta manera, “Desafíos sin contacto” convirtió una problemática cotidiana en una experiencia de aprendizaje práctico en Oliveros, con los estudiantes como protagonistas de un proyecto que combinó tecnología, creatividad y trabajo en equipo.