Después de 36 años de trabajo, aprendizajes y dedicación, Irina Cristaldo llegó al momento de cerrar una de las etapas más importantes de su vida: su trayectoria en el Jardín de Infantes N.º 97 “Río Carcarañá”. La institución, que fue mucho más que su lugar de trabajo, se convirtió en una parte fundamental de su historia personal y profesional.
“Hoy me toca cerrar una de las etapas más importantes de mi vida. Después de 36 años, llegó el momento de jubilarme y despedirme de mi querido Jardín de Infantes N.º 97 Río Carcarañá”, compartió Irina en un mensaje cargado de emoción y gratitud.
“Hoy me toca cerrar una de las etapas más importantes de mi vida. Después de 36 años, llegó el momento de jubilarme y despedirme de mi querido Jardín de Infantes N.º 97 Río Carcarañá”
Su recorrido en la docencia comenzó con reemplazos y, en 1998, logró titularizar como docente. Más adelante asumió el desafío de la gestión directiva, también como titular. Así, casi sin darse cuenta, construyó toda su carrera en su pueblo y junto a la comunidad de la que forma parte.
Entre los recuerdos que eligió destacar aparece una imagen sencilla, pero muy importante: los viajes en bicicleta para llegar al jardín. “¡Qué privilegio haber podido trabajar tan cerca de casa! Ir y volver en bicicleta, recorrer las pocas cuadras que me separaban del jardín y sentir que cada día me esperaba un mundo de nuevas experiencias, aprendizajes, desafíos y afectos”, recordó.
“Qué privilegio haber podido trabajar tan cerca de casa. Ir y volver en bicicleta, recorrer las pocas cuadras que me separaban del jardín y sentir que cada día me esperaba un mundo de nuevas experiencias, aprendizajes, desafíos y afectos”
Durante esos años vio crecer a distintas generaciones de niños y niñas, compartió proyectos con sus compañeras y construyó vínculos con las familias. También atravesó dificultades, celebró logros y aprendió que educar implica mucho más que enseñar. “Es acompañar, escuchar, cuidar, sembrar y confiar en que cada pequeño gesto puede dejar huellas”, expresó.
“Es acompañar, escuchar, cuidar, sembrar y confiar en que cada pequeño gesto puede dejar huellas”
En su despedida, Irina también reservó un lugar especial para agradecer a su familia. Reconoció el apoyo de sus padres, quienes le dieron la posibilidad de estudiar y encontrar su vocación, y el acompañamiento de su compañero de vida, César; sus hijas, Dana y Nanu; y su nieta, Gretu. A ellos les agradeció por comprender sus tiempos, sus ausencias y la pasión con la que vivió la docencia.
La jubilación abre ahora un nuevo capítulo, aunque hay algo que, según dejó en claro, permanece intacto: el cariño por la profesión y por la institución que la acompañó durante más de tres décadas.
“Hoy me jubilo, pero no me despido del amor por la docencia ni de mi querido Jardín 97”, sostuvo. Y en sus palabras finales dejó una reflexión que resume el significado de este recorrido: “Porque las etapas terminan, los caminos cambian, pero las huellas del amor y de la vocación permanecen para siempre”.
“Hoy me jubilo, pero no me despido del amor por la docencia ni de mi querido Jardín 97”
Así, entre recuerdos, generaciones y afectos, Irina cierra 36 años de historia en el Jardín 97. Se lleva las voces, los abrazos y los aprendizajes de una comunidad que también formó parte de su vida. Una despedida con nostalgia, pero sobre todo con la satisfacción de haber convertido su vocación en una de las grandes alegrías de su camino.