El miércoles por la noche, un avión de pasajeros de American Airlines, con 64 personas a bordo, chocó en el aire contra un helicóptero militar Blackhawk en las cercanías del río Potomac, en Washington D.C. La aeronave comercial, un Bombardier CRJ700 operado por PSA Airlines, había partido desde Wichita, Kansas, y estaba por aterrizar en el Aeropuerto Nacional Reagan. Entre los pasajeros del avión había patinadores y entrenadores rusos, quienes viajaban para competir en eventos internacionales. El helicóptero, por su parte, pertenecía a las Fuerzas Armadas de EE.UU. y realizaba un entrenamiento con tres soldados a bordo.

De acuerdo con lo informado, pocos minutos antes de su aterrizaje, los controladores de tráfico aéreo en el Aeropuerto Nacional Reagan le consultaron al avión comercial si podía aterrizar en una pista más corta. Posteriormente, se le dio autorización para aterrizar en la pista 33. Los sistemas de seguimiento de vuelos indicaron que la aeronave modificó su ruta para ajustarse a la nueva pista.

Al mismo tiempo, menos de 30 segundos antes del impacto, un controlador aéreo preguntó al helicóptero si tenía a la vista al avión que se aproximaba. Poco después, el controlador volvió a comunicarse por radio con el helicóptero, indicándole: “PAT 25, pase detrás del CRJ”. Instantes más tarde, las dos aeronaves colisionaron en pleno vuelo.

El transpondedor de radio del avión dejó de emitir señal a unos 730 metros (2400 pies) antes de llegar a la pista, aproximadamente en el centro del río. De inmediato, la torre de control procedió a desviar otros vuelos que se acercaban al Aeropuerto Nacional Reagan.

El presidente Donald Trump expresó su pesar por la tragedia: “Me han informado detalladamente sobre el terrible accidente que acaba de ocurrir en el Aeropuerto Nacional Reagan. Que Dios bendiga sus almas. Gracias por el increíble trabajo que están haciendo nuestros socorristas”