Hay historias que quedan grabadas en la memoria de una localidad. Y la mañana del 4 de marzo de 2016 es una de ellas para Bernardo de Irigoyen.

Aquel día, cerca de las 09:00 horas, al menos seis hombres llegaron a la localidad del departamento San Jerónimo a bordo de dos vehículos. Estaban armados y, en cuestión de minutos, desplegaron un raid que tuvo como escenario distintos edificios y comercios del pueblo.

El primer objetivo fue la comisaría, donde redujeron al jefe policial y a otras personas que se encontraban realizando una denuncia. Según la acusación fiscal, los delincuentes golpearon al comisario y le robaron distintas pertenencias, entre ellas su arma, documentación y teléfono celular.

Pero el operativo no terminó allí.

Un pueblo tomado en cuestión de minutos

Mientras algunos integrantes de la banda permanecían en la zona de la comisaría, otros se dirigieron hasta el Juzgado Comunal. Allí redujeron al juez Raúl Bonansea y lo dejaron encerrado en un baño.

Al mismo tiempo, otros delincuentes ingresaron a un comercio dedicado al cobro de impuestos, ubicado junto a la sede comunal. Allí amenazaron al empleado y se llevaron $166.000 que se encontraban en la caja.

El trabajador fue tomado como rehén y trasladado hasta la Comuna.

En la sede comunal, los asaltantes redujeron al personal y llegaron hasta el despacho del entonces presidente comunal, Jorge Raúl Carcavilla, quien se encontraba reunido con otras dos personas.

Según la acusación, Carcavilla fue golpeado y los delincuentes se llevaron celulares, $20.000 en efectivo y $50.000 en cheques de pagos diferidos.

Antes de escapar, amenazaron a las personas que habían quedado reducidas.

El último punto del raid fue el Correo Argentino, donde sustrajeron otros $16.487.

En pocos minutos, la banda había pasado por distintos puntos de una localidad de poco más de 2.000 habitantes.

Una fuga que terminó en tragedia

Después del golpe, los delincuentes se dividieron para escapar.

Una parte de la banda tomó la autopista Rosario-Santa Fe en dirección sur y durante la huida arrojaron algunas pertenencias.

Otro de los integrantes, identificado como Carlos Entivero, escapó hacia el norte por la Ruta Nacional 11.

La persecución terminó cerca de Coronda, en el cruce con el denominado camino al cementerio. Allí se produjo un enfrentamiento armado con policías. El vehículo en el que se desplazaba Entivero volcó y el hombre murió.

El resto de la investigación continuó durante los meses siguientes.

El cabecilla fue detenido ocho meses después

Uno de los principales acusados era Leonardo Ramón Rivero, oriundo de José León Suárez, provincia de Buenos Aires.

Ocho meses después del golpe a Bernardo de Irigoyen, Rivero fue localizado en un Juzgado de Paz del partido de San Miguel.

Fue trasladado a Santa Fe y quedó detenido por la causa. Con el paso del tiempo recuperó la libertad, pero posteriormente volvió a quedar tras las rejas por otra investigación judicial.

Ahora, más de diez años después del asalto, Rivero llegará a juicio por el histórico golpe cometido en Bernardo de Irigoyen.

El juicio que comienza diez años después

El debate oral y público tendrá como único imputado a Rivero y estará a cargo de los jueces María Celeste Minniti, Pablo Sebastián Ruiz Steiger y Héctor Aiello.

El fiscal Omar De Pedro anticipó un pedido de 17 años de prisión para el acusado.

Rivero será juzgado por distintos hechos de robo calificado por el uso de armas de fuego, privación ilegítima de la libertad agravada y por su presunta participación como jefe de una asociación ilícita dedicada a cometer robos en distintas provincias.

La Fiscalía sostiene que la organización tenía actividad en Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba y que había realizado tareas de inteligencia sobre distintos posibles objetivos.

Entre los lugares investigados aparecen viviendas de Pergamino, una zona cercana a Crespo, un joyero de Córdoba y distintas casas de Gálvez.

Por esa investigación, otros integrantes de la organización ya habían recibido condenas en 2022.

Ahora será el turno de Rivero.

Diez años después de aquella mañana de marzo en la que una banda armada recorrió la comisaría, el Juzgado, la Comuna y el Correo de Bernardo de Irigoyen, la historia vuelve a los tribunales.