La comercialización de soja atravesó días de tensión por las nuevas exigencias ambientales de la Unión Europea, que comenzarán a impactar desde enero y establecen requisitos de certificación para la oleaginosa destinada a la elaboración de harina.

La situación había generado preocupación en distintos sectores de la cadena cerealera luego de que grandes empresas exportadoras comunicaran que comenzarían a recibir únicamente soja que contara con la certificación ambiental requerida por el reglamento europeo.

El problema es que una parte importante de la soja producida en Argentina cumple con las condiciones ambientales exigidas, pero no cuenta actualmente con la certificación correspondiente. Esto generó dificultades en la comercialización y también diferencias de precios.

La exigencia europea alcanza específicamente a la soja destinada a determinados usos, como la elaboración de harina, y no a todos los destinos del poroto. Además, otros mercados internacionales no aplican las mismas condiciones.

Una reunión para destrabar la situación

Ante el escenario de tensión, el Centro de Corredores de Cereales de Rosario pidió la intervención de la Bolsa de Comercio de Rosario para reunir a los distintos actores de la cadena.

Del encuentro participaron representantes de las principales empresas exportadoras, corredores, acopios y cooperativas. Allí, los exportadores explicaron que necesitan comenzar a reunir soja certificada para cumplir con los embarques que llegarán a Europa a partir de enero.

Sin embargo, la mayoría de las empresas terminó flexibilizando su postura y confirmó que continuará comprando soja sin certificación ambiental.

La excepción mencionada fue Dreyfus, que mantuvo su decisión de que desde octubre recibirá para ese destino únicamente soja certificada.

La soja certificada tendrá un precio diferencial

La certificación ambiental también comenzó a generar una diferencia económica en el mercado. De acuerdo con lo planteado durante la discusión, la soja que cuenta con la documentación requerida puede obtener un precio superior al de la mercadería convencional.

En el mercado ya comenzó a utilizarse la denominación “soja EUDR” para identificar los granos que cumplen con los requisitos europeos. Se trata de un esquema similar al utilizado desde hace años con la soja destinada a Estados Unidos, conocida como “soja EPA”.

Los exportadores también remarcaron que vienen advirtiendo desde hace años sobre la entrada en vigencia de las nuevas exigencias europeas y señalaron que incluso se impulsó la plataforma Visec, destinada a facilitar la trazabilidad y la certificación de la producción.

Del otro lado, los productores plantean que certificar tiene costos adicionales y que, en un contexto de márgenes ajustados, contratar los servicios necesarios representa una dificultad.

Un mercado con distintos tipos de soja

Tras la reunión quedó planteado que el mercado deberá avanzar hacia un esquema en el que convivan distintos tipos de soja: granos certificados bajo diferentes estándares y mercadería que no cuente con certificación ambiental.

La flexibilización anunciada por la mayoría de las exportadoras permitió bajar la tensión que se había generado en los últimos días, aunque la adaptación a las nuevas exigencias europeas continuará siendo un tema central para toda la cadena cerealera.