El clima volvió a poner un signo de interrogación sobre la campaña agrícola. El fenómeno El Niño continúa presente, pero las últimas proyecciones indican que podría alcanzar una intensidad menor a la que se esperaba inicialmente, una modificación que puede tener impacto directo en las lluvias de los próximos meses.

El dato es seguido de cerca por el sector agropecuario porque, aunque El Niño suele asociarse con una mayor disponibilidad de agua en buena parte de la región pampeana, su presencia no garantiza por sí sola que las precipitaciones lleguen en la cantidad o el momento esperado.

El análisis de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario muestra justamente esa contradicción: el Pacífico presenta un marcado calentamiento, pero las lluvias todavía no responden de la manera que se había proyectado.

Un Pacífico cada vez más cálido

La temperatura del agua superficial del Pacífico aumentó durante septiembre y llegó a registrar una anomalía de 2,2 °C hacia el final del mes.

Sin embargo, el comportamiento de la atmósfera sobre Argentina está jugando un papel determinante. El avance de aire frío desde la Patagonia dificulta el transporte de humedad hacia el centro del país, mientras que las condiciones del Atlántico frente a las costas argentinas tampoco favorecen el ingreso de humedad.

Por eso, el calentamiento del Pacífico no se está traduciendo automáticamente en una primavera con lluvias abundantes.

El trigo y el maíz, entre los cultivos que siguen el escenario

La situación ya genera atención entre los productores.

Septiembre dejó precipitaciones por debajo de los valores habituales en buena parte de la región pampeana, lo que representa una dificultad para el trigo y agrega incertidumbre sobre el avance de las labores vinculadas al maíz.

En los últimos días hubo tormentas importantes y hasta caída de granizo en distintos sectores de Buenos Aires y Córdoba. Sin embargo, los acumulados fueron bajos en amplias zonas productivas, una diferencia que vuelve a poner el foco en la distribución de las lluvias y no solamente en la cantidad de eventos.

Las expectativas para fin de año se moderan

Uno de los cambios más importantes aparece en las proyecciones de intensidad del fenómeno.

Los modelos que meses atrás mostraban la posibilidad de un El Niño excepcionalmente fuerte ahora apuntan hacia un escenario más moderado. Las estimaciones para diciembre ubican la anomalía de temperatura del Pacífico cerca de los 2 °C, por debajo de los valores que se habían contemplado anteriormente.

En otras palabras, el fenómeno seguiría siendo fuerte, pero podría quedar lejos de aquel escenario extraordinario que se había planteado inicialmente.

¿Lloverá menos de lo esperado?

La respuesta todavía no es definitiva.

Las primeras proyecciones para el último trimestre del año anticipaban un período con lluvias muy superiores a los promedios históricos. Ahora, con las nuevas señales climáticas, esas estimaciones deberán ser revisadas.

Eso no significa que octubre, noviembre y diciembre vayan necesariamente a ser secos. El escenario todavía contempla precipitaciones por encima de los valores normales, pero la magnitud podría ser bastante menor a la que se esperaba.

La diferencia puede resultar clave para una campaña que necesita lluvias oportunas para sostener los cultivos y definir rendimientos.

La clave estará en los próximos datos

Los primeros registros de octubre serán importantes para determinar si esta tendencia se consolida.

Las nuevas actualizaciones de los organismos que monitorean el fenómeno permitirán establecer con mayor precisión qué intensidad tendrá finalmente El Niño y cómo puede repercutir sobre las precipitaciones en Argentina.

Por ahora, el campo enfrenta un escenario diferente al que se imaginaba semanas atrás: menos posibilidades de un exceso de agua, pero también mayor incertidumbre sobre cuándo y cuánto lloverá durante los meses decisivos de la campaña.